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El cáncer de próstata se origina en los tejidos de la glándula prostática, un órgano del sistema reproductor masculino. Por lo general, es de crecimiento lento y suele no presentar síntomas en sus etapas iniciales, lo que hace que los chequeos regulares a partir de los 40 o 45 años sean fundamentales.
No existe una causa única. Biológicamente, se origina cuando las células de la próstata sufren mutaciones en su ADN y se multiplican sin control. Sin embargo, existen factores de riesgo clave que aumentan la probabilidad de desarrollarlo:
Edad avanzada: Es el factor principal; el riesgo aumenta significativamente después de los 50 años y la mayoría de los casos se diagnostican pasados los 65.
Genética y antecedentes: El riesgo se duplica si un familiar directo (padre, hermano o hijo) lo ha padecido. Mutaciones heredadas en genes como el $BRCA1$ o $BRCA2$ también elevan la predisposición.
Origen étnico: Es estadísticamente más frecuente y agresivo en hombres afroamericanos y caribeños de ascendencia africana.
Estilo de vida: La obesidad, el tabaquismo y una dieta alta en grasas animales o carnes procesadas se asocian a un mayor riesgo de desarrollar variantes agresivas.
En sus etapas iniciales, este cáncer no suele presentar síntomas, por lo que los chequeos preventivos son fundamentales. Las señales de alerta aparecen cuando el tumor crece y presiona la uretra u otros tejidos cercanos, manifestándose en dos etapas:
Nota: Presentar estos síntomas no significa un diagnóstico de cáncer. La hiperplasia prostática benigna (agrandamiento común de la próstata) y las infecciones urinarias causan las mismas molestias. Ante cualquier sospecha, es vital consultar al especialista.
El diagnóstico se realiza de forma progresiva, comenzando con evaluaciones de rutina y confirmándose únicamente a través de un análisis de tejido. El proceso consta de tres pasos principales:
El tratamiento del cáncer de próstata no es igual para todos. Al ser un tumor que muchas veces crece de forma muy lenta, las opciones varían drásticamente según la edad del paciente, su estado de salud general y, sobre todo, la agresividad (puntuación de Gleason) y la etapa del cáncer (si está localizado o extendido).
Las principales alternativas médicas se dividen en cuatro grandes enfoques:
1. Vigilancia Activa (Monitoreo sin operar)
Para tumores de baja agresividad y en etapas muy tempranas, el mejor tratamiento inicial puede ser no hacer nada agresivo.
En qué consiste: Se vigila el tumor de cerca con análisis de PSA cada 3-6 meses, tacto rectal anual y resonancias o biopsias repetidas periódicamente.
Objetivo: Evitar los efectos secundarios de una cirugía o radiación (como la incontinencia o la disfunción eréctil) mientras el cáncer no dé señales de avanzar. Si empieza a progresar, se inicia un tratamiento activo.
2. Tratamientos Locales (Para cáncer localizado)
Si el cáncer está atrapado dentro de la próstata y requiere intervención, se busca eliminarlo por completo de la zona.
Cirugía (Prostatectomía Radical): Es la extirpación quirúrgica de toda la glándula prostática y las vesículas seminales. Hoy en día se realiza mayoritariamente mediante cirugía robótica (Da Vinci), lo que permite incisiones milimétricas, menor sangrado y una recuperación más rápida.
Radioterapia: Utiliza rayos de alta energía para destruir las células cancerosas. Puede ser externa (una máquina apunta al cuerpo durante varias semanas) o braquiterapia (se colocan pequeñas "semillas" radiactivas directamente dentro de la próstata).
3. Tratamientos Sistémicos (Para cáncer avanzado o extendido)
Si las células tumorales salieron de la próstata hacia los ganglios o los huesos, los tratamientos locales ya no son suficientes y se necesita medicina que recorra todo el cuerpo.
Terapia de Privación Androgénica (Terapia Hormonal): El cáncer de próstata se alimenta de la testosterona. Este tratamiento bloquea la producción de esta hormona o impide que el tumor la use, "matando de hambre" a las células cancerosas para frenar su crecimiento.
Quimioterapia: Se reserva generalmente para etapas avanzadas cuando la terapia hormonal deja de funcionar.
Inmunoterapia y Terapias Dirigidas: Medicamentos más modernos que ayudan al propio sistema inmune a atacar el tumor o que atacan mutaciones genéticas específicas de las células cancerosas.
Efectos secundarios a discutir: Las dos secuelas que más preocupan a los pacientes tras una cirugía o radioterapia son la disfunción eréctil y la incontinencia urinaria. La probabilidad de desarrollarlas depende mucho de la experiencia del cirujano y de la salud previa del paciente, por lo que siempre se deben poner sobre la mesa antes de decidir.
Los efectos secundarios dependen del tratamiento elegido, pero los más comunes e importantes son:
Tras Cirugía o Radioterapia (Tratamientos locales)
Disfunción eréctil: Es común tras la cirugía (por afectación de los nervios cercanos) o a mediano plazo con la radioterapia. Muchos pacientes recuperan parte de la función con el tiempo o medicamentos.
Incontinencia urinaria: Pérdida involuntaria de orina. Suele mejorar gradualmente en los meses posteriores a la cirugía mediante ejercicios de suelo pélvico.
Problemas intestinales: Exclusivo de la radioterapia. Puede causar diarrea, urgencia para ir al baño o sangrado leve en el recto.
Tras Terapia Hormonal (Tratamiento sistémico)
Al bloquear la testosterona, los efectos se parecen a una "andropausia" masculina:
Pérdida del deseo sexual (libido).
Bochornos o sofocos de calor.
Fatiga y pérdida de masa muscular.
Cambios de humor o aumento de peso.
Obtener un diagnóstico preciso puede ser una de las experiencias más impactantes que pueda tener.