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Cáncer de Colon

El cáncer de colon se origina en el intestino grueso (el colon), que es la parte final del tubo digestivo. Por lo general, comienza como grupos pequeños y no cancerosos (benignos) de células llamados pólipos. Con el tiempo, algunos de estos pólipos pueden mutar y convertirse en tumores malignos.

No existe una causa única. A nivel biológico, se origina cuando las células del colon o del recto sufren mutaciones en su ADN que las hacen multiplicarse sin control, transformando frecuentemente pequeños grupos de células benignas (llamados pólipos) en tumores malignos.

Los principales factores que aumentan el riesgo de desarrollarlo son:

  • Edad avanzada: El riesgo se eleva significativamente después de los 50 años.

  • Estilo de vida: Una dieta rica en carnes rojas y procesadas, el sedentarismo, la obesidad, el tabaquismo y el consumo de alcohol.

  • Genética y antecedentes: Tener familiares directos que hayan padecido cáncer colorrectal o sufrir de enfermedades inflamatorias intestinales crónicas (como la colitis ulcerosa o la enfermedad de Crohn).

En sus etapas iniciales, este cáncer suele ser silencioso y no presentar molestias. Cuando avanza, los síntomas más comunes son:

  • Cambios en el ritmo intestinal: Diarrea, estreñimiento o cambios en la consistencia de las heces que duran varias semanas.

  • Sangrado: Presencia de sangre brillante o muy oscura en las heces, o sangrado rectal.

  • Malestar abdominal: Dolores, cólicos, gases persistentes o sensación de que el intestino no se vacía por completo.

  • Debilidad general: Fatiga constante, cansancio inexplicable y pérdida de peso sin causa aparente.

El proceso suele comenzar con pruebas de detección de rutina y se confirma mediante un estudio endoscópico. Los pasos principales son:

  • Prueba de sangre oculta en heces: Un análisis sencillo que detecta rastros microscópicos de sangre en la materia fecal, lo que puede ser una primera señal de alerta.

  • Colonoscopia: Es la prueba de oro. Permite al médico examinar todo el interior del colon mediante un tubo flexible con una cámara para identificar zonas sospechosas o pólipos.

  • Biopsia (Confirmación definitiva): Si durante la colonoscopia se encuentra un pólipo o un tumor, se extrae una pequeña muestra de tejido para analizarla bajo el microscopio y confirmar si existen células cancerosas.

  • Estudios de imagen (Tomografía o Resonancia): Se utilizan una vez confirmado el diagnóstico para evaluar si el cáncer se ha extendido a otras partes del cuerpo.

El tratamiento se personaliza según la etapa del tumor, su ubicación exacta y la salud general del paciente. Las principales alternativas son:

  • Cirugía: Es el tratamiento más común. Consiste en extirpar la sección del colon que contiene el tumor junto con los ganglios linfáticos cercanos. Si el cáncer se detecta muy temprano, a veces se puede extirpar el pólipo directamente durante una colonoscopia.

  • Quimioterapia: Uso de medicamentos para destruir las células cancerosas. Se puede administrar después de la cirugía para eliminar cualquier célula remanente (disminuyendo el riesgo de que vuelva) o como tratamiento principal si el cáncer se ha extendido.

  • Radioterapia: Utiliza rayos de alta energía para destruir las células tumorales. Se emplea con mayor frecuencia en el cáncer de recto (la parte final del colon) antes de la cirugía para reducir el tamaño del tumor, o después para evitar recaídas.

  • Inmunoterapia y Terapias Dirigidas: Medicamentos avanzados que atacan alteraciones genéticas específicas de las células cancerosas o que ayudan al propio sistema inmunitario del paciente a reconocer y combatir el tumor.

Los efectos varían según el tipo de terapia y la respuesta de cada paciente. Los más comunes por enfoque son:

  • Por Cirugía: Dolor en la zona de la incisión, riesgo de infección, sangrado o alteraciones temporales en el ritmo intestinal. En algunos casos avanzados, puede requerirse una colostomía (una abertura temporal o permanente en el abdomen para eliminar los desechos).

  • Por Quimioterapia: Fatiga crónica, náuseas y vómitos, pérdida del cabello, llagas en la boca, mayor riesgo de infecciones y neuropatía periférica (hormigueo o entumecimiento en manos y pies).

  • Por Radioterapia: Irritación de la piel en la zona tratada, fatiga, molestias al orinar, diarrea o cólicos abdominales.

  • Por Inmunoterapia y Terapias Dirigidas: Reacciones cutáneas (erupciones), fatiga, presión arterial alta o síntomas similares a los de una gripe.

🩺 Nota de apoyo: La mayoría de estos efectos son temporales y el equipo médico de Oncoserv prescribe medicamentos específicos (como antieméticos o analgésicos) para prevenirlos o controlarlos de forma efectiva durante todo el proceso.

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